jueves, 13 de septiembre de 2012

Cualquier parecido con la realidad...


Recomendación cinéfila: El huevo de la serpiente.
Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.


"Hay dos investigadores en esta película: el inspector Bauer y el doctor Vergerus. El primero se mueve por la necesidad de saber, de conocer las causas de los crímenes, los orígenes del mal. Cree haber encontrado las respuestas a las muertes y a la situación política que vive Alemania. Cuando al fin suelta a Abel y le recomienda marcharse con el circo, se permite hacer un pronóstico sobre su país que resulta muy irónico si tenemos en cuenta los terribles sucesos que acontecieron durante el régimen nazi: "lo de Hitler fue un fiasco descomunal. Subestimó la fuerza de la democracia alemana".
Ingmar Bergman y Sven Nykvist, su director de fotografíaEl doctor Vergerus representa la sinrazón de una utopía científica fundamentada en unos argumentos nacidos del fanatismo. Sus investigaciones son los antecedentes de los experimentos eugenésicos del nazismo al servicio de la pureza de la raza. No le preocupa su muerte, pues sabe que otros continuarán su trabajo en un futuro cercano. Su discurso sí es premonitorio y lúcido respecto a lo que vendrá. "Es lógico" -dice mientras comenta la imagen del grupo de personas que no hacen nada y no tienen rumbo (la masa silenciosa) que vimos al comienzo del filme- "ellos no pueden hacer una revolución. Están temerosos, derrotados, humillados.
Sus palabras demuestran que los locos son los únicos que saben lo que sucede y por eso se adueñarán del mundo y lo controlarán. Vergerus le explica a un espantado Abel que en diez años aparecerá una generación cuyo idealismo e impaciencia desplazará al odio de los cansados e indecisos, pondrá su valor al servicio de una nueva sociedad y "habrá una revolución... y nuestro mundo se hundirá en sangre y fuego". Su discurso es uno de los más inquietantes y perturbadores de la filmografía de Bergman, que seguramente se identifica con su personaje-testigo al escuchar las últimas palabras del doctor:
-"Puedes contarlo, nadie va a creerte".-"Cualquiera puede ver el futuro: es como el huevo de la serpiente".

Extracto obtenido en encadenados.org

sábado, 8 de septiembre de 2012

Contraprogramar

Al mejor estilo de los Madrid - Barça o de los políticos casposos, la Generalitat ha contraprogramado el anuncio de la decisión de que finalmente la versión europea de Las Vegas se instalará en Madrid con el anuncio de una inversión parecida en Port Aventura.

Los promotores de la inversión alternativa presentada por la Generalitat son, La Caixa, que es como decir el Banco Central catalán, lo que viene todavía más a confundir la función real de las cajas en la economía actual y la sociedad de Enrique Bañuelos, famoso por haber hundido a Astroc, y de no haber tenido excesivo éxito en Brasil.

La Caixa va a poner los terrenos, eso casi es pasar activos a un banco malo, puesto que si sale mal, ya sabemos quien va a cargar con todas las deudas, y La Caixa seguro que no va a valorar los terrenos al mismo precio que el FROB. Lo que no cabe ninguna duda es que esa entidad sabe cobrar los favores.

La contrapropuesta ha sido diseñada en pocas semanas como alternativa ante la posibilidad de que, al final, Adelson no viniera a Barcelona. Como elemento motivador del electorado tiene su parte positiva, se habían generado muchas expectativas en torno al proyecto americano (y en vísperas del 11/9)  y ahora el anuncio viene a paliar el desencanto, no obstante hace falta ver como realmente será el proyecto y su viabilidad futura. 

También habrá que tener en cuenta que, por lo visto, si que aparecerá financiación para este proyecto, vinculado al turismo, y por el contrario es imposible encontrar ni un euro para proyectos a largo plazo generadores de valor añadido vinculados a sectores industriales y técnicos.

Por lo tanto, parece claro que el modelo de desarrollo que se ha elegido para Catalunya es la de ser el parque temático de europeos, chinos y rusos.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Pacto fiscal

Ya estamos un año más ante el 11 de septiembre y este año tenemos un motivo nuevo para manifestarnos: el Pacto Fiscal.

Este novedoso instrumento de manipulación sustituye a los anteriores, los cuales eran mucho más etéreos. Pedir la independencia queda como de utópico, y ya sabemos lo que les pasó a todos ellos.

El nuevo Mc Guffin inventado por el nacionalismo catalán se ha estado gestando durante muchos meses.

Al mejor estilo de los propagandistas, estamos descubriendo cual es el verdadero culpable del despilfarro y el sinsentido económico en el que nos encontramos.

No es la peor casta de gestores que un país puede tener, gestores que han tenido en sus manos ingentes cantidades de dinero procedentes tanto de nuestros bolsillos como de los europeos y que han despilfarrado con proyectos destinados a la mayor gloria del ego de los políticos y sin tener en cuenta las verdaderas necesidades sociales. No, el culpable es la fiscalidad en Catalunya.

El recurso fácil al endeudamiento en momentos en los que el estado debería haber actuado contracíclicamente y haber ahorrado para los tiempos difíciles ha propiciado una enorme pelota que es imposible de digerir. Aunque a todos los pueblos les encante tener un polideportivo es necesario decirles que no van a poder pagarlo y ser consecuente con su presupuesto. Pero claro, los votos son los votos y siempre se vota al que más promete.

El recurso nacionalista es echar la culpa al estado central al no haberle dado más dinero para gastar: es el clímax de la economía derrochadora.

El estado central también es responsable, puesto que debería haber actuado y acotado los desmanes de todas las autonomías. El estado central tiene una importante responsabilidad por haber desaparecido de las autonomías y haber creado, por su absentismo, un reino de taifas.

Los nacionalistas han actuado desde todos los frentes, inyectando la creencia en la gente de que el responsable de todos los males es la balanza fiscal con el resto del estado. Han pasado por alto que no se redistribuye en base a los territorios sino en base a los individuos y que no es posible reajustar ese procedimiento sin dinamitar el propio estado de derecho.

La propaganda ha llegado lejos, en la televisión autonómica hemos disfrutado estos días con las entrevistas a personas normales sobre cual es su perspectiva en torno al Pacto Fiscal y me he quedado sorprendido con la profunda cultura financiera, fiscal y presupuestaria que la gente normal ha adquirido en poco tiempo. También es curioso que siempre aparezca la comparación con el concierto vasco, algo que no tiene posible comparación puesto que no se puede comparar el peso de las economías catalana y vasca.  La peculiaridad vasca surge a raíz del chantaje, de las nueces que caen del árbol que "otros" sacuden, como nos diría Arzalluz. Lo que debería hacerse a la mayor brevedad posible es suspender el concierto vasco y que sea cierto lo de que todos los españoles somos iguales.

La propaganda también ha llegado fuera de las fronteras, el prestigioso Financial Times publica un artículo (Financial Times) en el que advierte del peligro de ruptura en España en función del resultado de la manifestación del próximo martes. El FT haría mejor en preocuparse de los escoceses que si tienen planteada la posibilidad de un referéndum para independizarse, algo que podrían realmente hacer puesto que Escocia, Gales e Inglaterra forman el Reino Unido en base a unos determinados acuerdos, algo que no sucede en el caso catalán, por mucho que los independentistas den la tabarra con ello.

La solución por tanto no es racionalizar los costes, como tener 5 cadenas televisivas, miles de ayuntamientos ingestionables por su tamaño o unos parlamentarios que se quejan de sólo cobrar 3.000 euros al mes, el problema no es que tengamos el triple de funcionarios que Alemania y que estén muchas funciones duplicadas o triplicadas ni que el sistema político sea profundamente endogámico y solo procure por su propio bienestar a coste del de los ciudadanos, el problema es que necesitamos más dinero y nos los tienen que dar, pase lo que pase.