domingo, 29 de julio de 2012

Prima de riesgo

La prima de riesgo se ha convertido, en los últimos meses sobre todo, en la bestia del reino. Todo el mundo habla de ella, es el nuevo "hombre del saco", muy poca gente sabe que es exactamente pero todo el mundo la menta, como explicación de todos los males.

En un mundo perfecto, sería el indicador que nos mostraría la lectura que hacen los mercados del estado de cualquier economía. Es la diferencia de rentabilidad del bono de referencia de cada país respecto a uno de referencia.

Varios conceptos, los mercados están formados por todos los agentes económicos que compran y venden activos. Están los particulares, en esta ocasión prácticamente desaparecidos puesto que su nivel de información respecto a todo lo que está pasando y su preferencia por la liquidez les impulsan hacia los activos más líquidos. Están las instituciones (bancos, empresas de seguros, grandes empresas) que, como no se fían de nadie, sólo acuden a los prestamistas/prestatarios de máxima calidad, en nuestro caso, el BCE. Como recientemente está opción se ha encarecido, simplemente han optado por cerrar más el grifo de los préstamos u optan por la autofinanciación, caso de las empresas.

La rentabilidad del bono es lo que paga el activo de referencia de cada país, suele ser el bono del Estado a 10 años. El bono del Estado es, teóricamente, el activo más seguro de un país y por lo tanto el que menor rentabilidad paga.


La rentabilidad del bono se establece en las subastas que, en nuestro caso, el Tesoro realiza de forma periódica. La cantidad que se emite sirve para financiar la deuda pública que va venciendo y la que se va añadiendo, como es nuestro caso, debido al empeoramiento del déficit. El déficit es la diferencia entre lo que el estado gasta y lo que ingresa mediante los impuestos.

El precio al que se emite el bono en las subastas se obtiene de lo que el mercado pide por el riesgo que se estima tenga ese activo.

Es aquí dónde entramos en tierra peligrosa.

Dado que los mercados están absolutamente cerrados, lo que significa que nadie está comprando ni vendiendo, se produce una clara situación de iliquidez, como mínimo respecto a las cantidades que se cruzan normalmente en este mercado, la iliquidez provoca que la distancia entre el mejor precio a la compra y el mejor precio a la venta estén muy alejados, si alguien quiere comprar lo quiere hacer a una rentabilidad realmente alta y quien quiere vender lo quiere hacer traspasando la menor rentabilidad posible al comprador.

El vendedor normalmente ha adquirido el bono a una rentabilidad sensiblemente inferior, supongamos un 4%, si ahora lo quiere vender lo habrá de vender a una rentabilidad cercana al 7%, lo que significa que le habrá de ceder al comprador a cambio de liquidez, un 3% de su bolsillo, puesto que si no, no se lo comprará: es decir, perderá dinero. Ante esta posibilidad, sólo si se está muy necesitado de liquidez se producirá la transacción, en caso contrario, simplemente se expondrá la voluntad de hacerlo a un precio más razonable.

La prima de riesgo se obtiene de lo que los compradores y vendedores hacen en este mercado secundario, un mercado en el que han desaparecido un importante número de operadores y cuyos precios no se forman de manera eficiente.

Luego van los gobiernos y, en función de lo que se paga en esos mercados secundarios, fijan los precios de la subasta.

Y así nos va.

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