jueves, 10 de mayo de 2012

Huelgas salvajes

Hablar mal de las huelgas y de los huelguistas, cuando eres un trabajador, siempre queda mal, es como traicionar a tu clase. 

No obstante hay momentos es que cuesta no hacerlo, sobre todo cuando ejercer el derecho, legitimo, de huelga provoca efectos en otros trabajadores que aunque puedan entender la protesta no comparten sus métodos de reclamación.

El elemento perturbador es la potencia destructiva que tienen algunos colectivos. Si yo me pongo en huelga, incluso si en mi empresa bajan los sueldos y nos ponemos todos en huelga, los efectos sobre el resto de la sociedad son mínimos, afecta a quien le afecta y no va más allá. En cambio, ciertos colectivos, parece que tengan patente de corso al respecto y además, pretenden conseguir ventajas sociales gracias al chantaje sobre el resto de la sociedad. Si su huelga afecta a la movilidad de cientos de miles de trabajadores, pues mejor.

Los sindicatos encima pactan unos impresentables servicios mínimos y estos mismos sindicatos no tienen ningún empacho en permitir actos vandálicos y los denominados piquetes informativos, cuya función es informar de lo mal que lo vas a pasar si desobedeces sus instrucciones.

Encima, la huelga la protagoniza un colectivo caracterizado por el elevado esfuerzo intelectual y físico que desarrolla en su dura jornada de trabajo bajo unas penosas condiciones laborales. 

No sabrán lo que tenían hasta que lo pierdan.

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