lunes, 9 de abril de 2012

Funcionarios

Nos encontramos a la espera de un Nuevo Orden Internacional, vivimos en una sociedad en transición y ello puede durar todavía unos cuantos años, y mientras tanto nuestra solución ha sido dar el poder a los tecnócratas.
La sociedad cuando pierde la fe en sus dirigentes vuelve sus miradas hacia los técnicos, es decir, aquellos que en principio están libres de directrices ideológicas y que deberían tomar sólo aquellas medidas que realmente son adecuadas para salir de la actual situación de crisis.
Eso es en teoría, por cuanto los técnicos son una clase en si misma, la burocracia, caracterizada por el inmovilismo y por la toma de decisiones poco arriesgadas.
Las medidas económicas tomadas por nuestro gobierno no han gustado nada a los mercados, sólo hay que ver la prima de riesgo de nuestra deuda en niveles de intervención y los mercados de renta variable en mínimos anuales. No han gustado, entre otras cosas, por cuanto sólo con recortes no se soluciona el actual problema nacional, el crecimiento.
Los actuales gestores están actuando como diligentes directores financieros; cuando las cosas van mal actúan recortando costes y también inversiones, reduciendo al mínimo el riesgo, son proclives a tomar posturas defensivas. No digo que no sea conveniente tomar esas medidas, pero como muchas cosas en la vida, todo es cuestión de proporciones.
Las empresas que caen en manos de los directores financieros tienen el peligro de caer en el pánico financiero al futuro, están dominados por visiones en retrospectiva, es decir, rehacen o deshacen decisiones tomadas con anterioridad en otro contexto.
Las empresas que lideran los mercados son las que tienen al mando no al director financiero sino al director general, figura que debe tener en cuenta aspectos financieros, sobre todo en contextos de ausencia de crédito, pero que tiene que tener la valentía de asumir los riesgos del crecimiento futuro.
Nuestros gobernantes están excesivamente preocupados por sus cuentas y por lo que deben, cuando deberían estar preocupados en como generar la riqueza del mañana.
De nuevo una cuestión de asignación de recursos escasos, se ha elegido salvaguardar los intereses de su clase, la funcionarial, y sacrificar la inversión pública.
Hay un hecho incuestionable: si no estuviera tan bien remunerada la profesión de funcionario no habría tantos recién licenciados que buscasen una salida laboral en ese ámbito. 

3 comentarios:

  1. Muy bueno.

    Creo por eso, que no es tanto una cuestión de que esté muy bien pagado ser funcionario, es más una cuestión de riesgo/beneficio.

    Ser funcionario tiene todos los beneficios/derechos y ningún riesgo mientras que ser emprendedor tiene todos los riesgos/obligaciones y ningún beneficio/derecho (por lo menos en la mayoría de los casos, por supuesto no en estos momentos y seguro no de forma inmediata).

    En mi opinión, si lo que queremos es que haya más emprendedores, no les debemos enseñar en la universidad, simplemente hemos he hacer que salga a cuenta arriesgarse.

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  2. El problema es tanto la proliferación de funcioniarios con una estrecha visión de cómo se gestiona, sino como indicas, la toma del poder de las empresas de la versión más fundamentalistas de la gestión financiera. La que sólo mira balances, ratios, flujos de fondos, etc., sin entender cómo se generan ni ver más allá en términos de desarrollo de negocio, innovación, creación de nuevos productos, orientación al mercado, etc. O sea, el director general, una figura supuestamente con visión y liderazgo.

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  3. Xavier, es que entiendo que el menor riesgo en perder el empleo es parte del salario que se recibe. En la universidad se debería enseñar que el empresario no es alguien que se lucra con el esfuerzo de otros como muchas veces parece, sino alguien que crea riqueza en base al riesgo que asume. De todas formas lo que pretendía resaltar es el éxito del modelo burocrático en nuestra sociedad y la formación de una súper casta endogámica que preserva sus derechos adquiridos a costa del bien público, algo que debería ser la antítesis de un "public servant", más se parece al "Servant" de J. Losey.

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