sábado, 4 de febrero de 2012

Concurso de liquidadores

La última quiebra en España de nuevo demuestra que el concurso de acreedores no es otra cosa que un concurso de liquidación.
Mientras en otros países es un instrumento para que las empresas tengan un período de tiempo a salvo de las exigencias de los acreedores y puedan renegociar con éxito un plan de viabilidad, véase el reciente caso de American Airlines o el de Delta Airlines que presento el "chapter 11" en setiembre de 2005, por poner un par de ejemplos en el sector, aquí en España el concurso de acreedores sólo ha servido para la liquidación ordenada de la empresa, de hecho es el fin último de la gran mayoría de empresas que utilizan ese procedimiento (Air Madrid, Air Comet).
La regulación concursal, pese a que se ha reformado recientemente, busca más salvaguardar los derechos de los acreedores que la viabilidad de la empresa, algo mucho más complicado, tanto para la gran mayoría de "administradores concursales" de formación básicamente jurídica, el de Spanair ha ido a "tocar" a un bufete de abogados curiosamente controlado por el Grupo Gispert relacionado con la presidenta del Parlament de Catalunya, como para los gestores de las empresas que buscan, como parece ser en este caso, tirar la toalla tras fallar el recurso al que se han ido acogiendo durante los últimos tiempos, el maná institucional.
La otra gran diferencia con las suspensiones de pagos que han podido recuperar la viabilidad económica es que se presentan de forma prudencial bastante antes de que la caja quede completamente seca, porque entonces ya si que es imposible la marcha atrás.
Es una lástima que un instrumento que en otras latitudes sirve para reflotar empresas en crisis, algo que no es ajeno a la normal actividad empresarial, aquí se convierta en un mero trámite administrativo para cerrar una nueva empresa más.

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