miércoles, 2 de noviembre de 2011

Juegos fatales

Parece poco probable que la actual situación sea producto del azar. Dados sus posibles efectos colaterales, debemos pensar que la decisión de realizar un referéndum en Grecia ha sido tomada como parte de una determinada estrategia.
La actual situación griega tiene una complicada solución, si no se pliega a las reformas y sacrificios que le exige la UE va a suspender pagos, si acata las decisiones tomadas por el Directorio franco alemán, va a padecer una crisis durante los próximos 10 años. Si suspende pagos, el famoso default, y se produce de forma desordenada como implícitamente están alertando las diferentes cancillerías europeas, el desastre puede ser mayúsculo condenando a Grecia de nuevo a más de 10 años de recesión. No hay que olvidar que, por poner un ejemplo cercano en el tiempo, aunque Argentina esté creciendo de forma consistente en los últimos años a tasas cercanas al 7%, todavía no tiene acceso al mercado de capitales internacional debido al default del 2001, el celebre corralito.
Así pues, Grecia se enfrenta a un obscuro escenario, en el que siempre va a salir perdiendo, en unos casos algo y en otros algo más.
La legitimación que exige Papandreu es defendible desde la óptica interna, al final es un político, si sale bien no habrá pasado nada, al contrario, podrá sacar pecho ante la UE, pero a cambio habrá puesto en peligro a la UE entera, algo que será difícil de olvidar y que va a sentar un peligroso precedente.
La UE se asienta en un discutible sistema de toma de decisiones y en varias ocasiones se ha estado a punto de la involución por culpa de un país, normalmente pequeño.
La UE es un club muy elitista, con innumerables barreras de entrada (que se lo pregunten a Turquía), no entra todo el mundo pero del que, una vez dentro, no se puede salir.
Papandreu está poniendo en jaque a toda la Unión Europea por un problema del que sólo son responsables los griegos y sus maquinaciones goldmanianas para eludir los requisitos de entrada. OK, hicieron trampas para entrar en el euro, engañaron al portero enseñando un carnet falso, pero fue entonces cuando deberían haber pensado que el euro es un edificio con puerta de entrada, incluso con puerta de servicio, pero sin puerta de salida, a menos que derribes todo el edificio.

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