martes, 29 de noviembre de 2011

Durban

Durante estos días se está celebrando en Durban la XVII Cumbre del Clima, y como en las ocasiones anteriores, no hay evidencias de que se vaya a avanzar en un acuerdo global sobre el control de las emisiones atmosféricas que afectan al clima mundial.

Ya parece fuera de discusión que el ser humano está afectando directamente al clima de la Tierra, en los últimos 15 años se han vivido los 13 más cálidos de nuestra historia. Hay quien dice que, debido a que no conocemos como ha sido la evolución del clima de la Tierra en otros episodios que se hayan podido producir, no podemos deducir escenarios catastróficos de los actuales niveles de contaminación. Pero es evidente que el único elemento novedoso en nuestro planeta respecto a anteriores posibles episodios de calentamiento es el ser humano; nuestra acción es directamente responsable de la actual situación o por lo menos de su aceleración.

La problemática del clima está en su punto de no retorno, los científicos advierten que una elevación de 2 grados más en la temperatura media provocará cambios climáticos dramáticos y de alcance impredecible. Con los cambios climáticos se producirán cambios en la producción de alimentos, zonas que en la actualidad son fértiles pasarán a ser eriales y otras zonas que en la actualidad ofrecen una productividad escasa, la elevarán, indudablemente el balance está por conocer, aunque parece evidente que dada la actual distribución de población y de recursos productivos, los escenarios más probables pronostican que precisamente en las zonas más densamente pobladas es dónde se producirán los descensos más acusados en la producción de alimentos. Adicionalmente el cambio climático traerá enfermedades a países donde hasta ahora estaban erradicadas, el paludismo, por ejemplo, es probable que vuelva a aparecer en el sur de Europa.

Esta situación se produce en un momento de evidente crisis, moral, económica y de liderazgo. Hasta ahora el foco de las políticas económicas mundiales se ha centrado en el crecimiento, para ello se han utilizado hasta su casi completo agotamiento, los recursos naturales puestos a nuestro alcance.

El desfase entre la producción de alimentos y el crecimiento de la población es claramente divergente, incluso en los mejores escenarios. Una situación que, avanzada por Malthus, se está convirtiendo merced a nuestra mala gestión, en una realidad cada vez más probable.

La tormenta perfecta hace décadas que se está gestando, recursos naturales, financieros y científicos se han puesto a disposición del crecimiento y eso ha requerido ingentes cantidades de mano de obra, fomentando la progresión geométrica de la población mundial. En condiciones normales ya es complicado mantenerlos a todos, sólo hay que ver la población actual que pasa hambre, por lo que si a ello unimos el cambio climático y la crisis económica, veremos que pronto nos encontraremos ante un problema irresoluble.

Quizás lo más sensato no fuera hablar de como solucionar el cambio climático sino prepararnos ya para lo que vaya a suceder: hambre y sed, movimientos migratorios masivos, conflictos armados por el control de los recursos y un empeoramiento generalizado de la calidad de vida de las próximas generaciones. Nos van a dar una medalla por esto.

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