miércoles, 9 de marzo de 2011

Sindicatos con clase

Tal como dice el Artículo 1 de su Estatuto, Aena tendrá como misión "contribuir al desarrollo del transporte aéreo en España y garantizar el tránsito aéreo con seguridad, fluidez, eficacia y economía,....", gestiona 47 aeropuertos y 2 helipuertos, es el responsable del desarrollo y la operación del servicio español de navegación aérea, se encarga de las infraestructuras, su construcción y mejora y también se ocupa de las áreas comerciales de los aeropuertos. Es una empresa que cuenta con 12.500 empleados.
Hasta aquí datos normales y corrientes de una empresa como bastantes de las que hay en España, lo diferente es que hoy los trabajadores de Aena han decidido convocar 22 jornadas de huelga en los próximos meses para protestar por la voluntad del gobierno de privatizar la empresa. Si fuera una empresa de las muchas que hay en España sería una medida de presión para forzar a los propietarios y/o gerentes en la negociación de alguna mejora, sea salarial y/o social. Por lo visto, aunque se haya avanzado en muchos otros aspectos, continuamos tratando las relaciones laborales como en el siglo XIX, aparte del anacronismo de la puesta en escena sindical del "conflicto", actualmente este tipo de actuaciones de los sindicatos evidencian una profunda disparidad en la defensa de los derechos de los trabajadores. Hay unos que tienen "clase" y otros que ni siquiera eso. Existen varios millones de trabajadores en este país, vinculados a pequeñas y medianas empresas que no pueden paralizar el país, al contrario que algunos colectivos, éstos gracias a su trabajo en industrias estratégicas, consiguen mejores condiciones, mejores salarios, mejores prebendas, contribuyendo a que sus puestos de trabajo sean menos competitivos y un pesado lastre para el conjunto de la sociedad.
En el caso de que las empresas sean privadas se trata de un conflicto entre dos partes que buscan maximizar su función de utilidad, pero cuando una de las partes es el Estado, la función de utilidad que se tiene que maximizar es la del conjunto de la ciudadanía que a través de sus impuestos paga el salario de esos trabajadores.
La protesta viene a cuento de la voluntad privatizadora del gobierno de turno, que busca, por un lado ingresos en un momento de falta de ellos y por otro, una mejora en la gestión de los recursos. La mejora de la gestión no debería atemorizar a los empleados de Aena, si sus puestos de trabajo son necesarios no deberían perderlos por depender del capital privado. La voluntad de que los puestos de trabajo se blinden incorpora un importante agravio con el resto de los trabajadores.
La situación es incluso más compleja puesto que su conflicto lo extienden al resto de la sociedad española a la que tienen secuestrada, puesto que su huelga significa un corolario de daños colaterales que ponen en riesgo un importante número de puestos de trabajo, puestos de trabajadores del sector privado que no tienen ni tendrán blindado su puesto de trabajo.
No se trata de que se pongan en peligro las vacaciones de unos "señoritos", como ya se dijo con ocasión del secuestro organizado por los controladores en diciembre pasado, sino de que la principal industria española y probablemente la única que consigue mantener cierto grado de actividad va a soportar nuevamente el órdago lanzado por unos trabajadores que no están dispuestos a ser como el resto de sus conciudadanos.
Somos muchos los trabajadores que sólo hemos visto a los sindicatos defender los derechos de unos pocos, sindicatos que se nutren no de las cuotas de sus afiliados sino de los presupuestos generales del estado, es decir de los impuestos de todos, sindicatos que son clasistas y no en el sentido de defender a la clase trabajadora sino por defender los derechos de unos pocos. Sindicatos que defienden a los funcionarios y a los que quieren ser como los funcionarios, trabajadores con clase. El resto somos carne de paro.

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