martes, 8 de marzo de 2011

Relocalizar

Otro más de los iconos de la industria catalana y española va a desaparecer, no como marca, dado que Piaggio, la empresa italiana que la compró en 2001, ha decidido trasladar la producción a Italia, pero sí como industria basada en nuestro país.
La desindustrialización española es un hecho desde hace bastantes años, es el precio que pagamos por entrar en la Unión Europea, nos daban subvenciones y nosotros industrias. Ellos nos daban productos y nosotros poníamos el consumo, ellos nos daban créditos y nosotros les servíamos los cafés. Ahora incluso eso se ha acabado, hay mejores sirvientes.
Todavía es pronto para ver como acabará esta historia, pero probablemente el final no sea otro que más gente en el paro, trabajadores que muy probablemente eran diestros en su cometido, eran productivos, formados, especializados como cualquier otro empleado de la multinacional en Europa, seguramente su "pero", en este caso, es que no son italianos. Es la hora de barrer para casa, somos europeos pero primero somos de cada uno de nuestros barrios.
En nuestro país no lo vemos igual, se ha preferido en estos años invertir en el inmobiliario, la "pela" fácil, el pelotazo y hemos dejado que produzcan los otros. Incluso las inmensas fortunas amasadas a la sombra del negocio del ladrillo, ahora está a buen recaudo. No va a salir ni un euro patrio para salvar una empresa que, según todos los indicios y aún teniendo capacidad tecnológica y productiva punta (tiene máquinas en el mundial de motociclismo), va a ir a parar a Venecia. Al igual que en muchos otros sectores, el capital nacional prefiere la letra del tesoro y el depósito bancario que el riesgo empresarial. Tanto hablar de las cajas y de que se va a perder el carácter social con las privatizaciones, pero no sale nadie a dar el paso al frente.
A la falta de financiación propiciada por una banca fuera de su papel, se le une una élite empresarial alejada del papel de sociedad civil emprendedora, tenaz y audaz. Las actuales generaciones parece que sólo quieren disfrutar del dinero amasado por sus antepasados. Ni nuevas empresas, ni actuales en funcionamiento. Nos hemos convertido en un país de camareros y albañiles (en paro).

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