domingo, 6 de marzo de 2011

Marginalidades

Este fin de semana entrará en vigor una de las medidas más polémicas adoptadas por el ejecutivo español con el objetivo de ahorrar energía. Se va a reducir la velocidad máxima en autopistas y autovías de los 120 actuales a los 110. Esta medida se extenderá durante los próximos 4 meses.
Hay mucha discusión sobre el verdadero alcance de la medida, probablemente sea cierto que el mayor consumo de combustible en los automóviles, objeto del 40% de toda la demanda de combustible nacional, se produzca no precisamente en los tramos de máxima velocidad, momento en el que la velocidad de crucero y el bajo número de revoluciones reduce el consumo de combustible y, en cambio, sea en el interior de las ciudades o en los embotellamientos de entrada y salida a ellas, cuando se producen los constantes arranques y paradas, cuando el consumo por Km crezca por encima de lo razonable.
Por lo tanto, la verdadera medida sería la que pondría al alcance de muchos más ciudadanos un transporte eficaz, cómodo y puntual que redujera los desplazamientos diarios de y desde las ciudades. El modelo adoptado durante las últimas décadas no ha sido éste y precisamente dónde sacan más pecho nuestras "autoridades" es en el modelo de transporte que poseemos, el del Ave y de la alta velocidad. Las inversiones se han centrado en transportar a unos pocos pasajeros, muy rápido a unos destinos muy cercanos en los que la ganancia de tiempo no se corresponde con el coste por km que acarrea la alta velocidad. En cambio, la red de cercanías se ha descuidado, cayendo en el olvido y siendo generadora de continuas molestias para el pasajero y para el sistema productivo, perdiéndose una buena cantidad de horas productivas por los constantes retrasos o de bienestar para el trabajador al obligar a éste a adelantar su trayecto por temor de llegar con retraso al trabajo.
Las actuales líneas de cercanías se encuentran, en la mayoría de casos, sobresaturadas, convirtiendo el desplazamiento diario en un trance del que las autoridades europeas han librado al ganado por inhumano.
El corredor mediterráneo por ferrocarril eliminaría a un elevadísimo número de camiones pesados de nuestras carreteras, reduciendo consumo y humo.
No me opongo a la reducción de la velocidad, al final, con la limitación a 120 todo el mundo iba a 130 y ahora todo el mundo irá a 120. No me opongo porqué cualquier gota de petróleo que ahorremos será bienvenida y porqué la diferencia entre ir a 120 o a 110 no es significativa y continuaremos llegando igual de tarde o temprano que antes. No me opongo porqué efectivamente serán un buen montón de toneladas de CO2 que dejarán de caer en nuestra atmósfera. A lo que me opongo es a la política de acordarse de Santa Bárbara cuando truena.

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