domingo, 27 de marzo de 2011

Fukushima

La foto precedente corresponde a los cerezos en flor situados en la vera del rio Kanonji en el parque de Hanamiyama en Fukushima.
La foto en sí, de admirable y serena belleza no logra eliminar mi sensación de profunda nostalgia.
La segunda acepción de la Real Academia es la que mejor lo resume: "Tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida".
Las pérdidas humanas y materiales producidas por el seísmo y el posterior tsunamí son, aunque profundamente lamentables, consustancialmente relacionadas con la vida humana y sus avatares. Aunque se conoce el riesgo de vivir al lado de una peligrosa falla tectónica, el ser humano se aferra, irreductible, a la menor brizna de tierra habitable. Lo ha hecho durante miles de años y lo continuará haciendo. Los progresos tecnológicos han permitido reducir los efectos de los desastres naturales, reduciendo significativamente el número de víctimas. A la par, nos ha hecho más irresponsables, la paranoia permanente que permitió sobrevivir a nuestros antepasados se ha convertido en autocomplacencia y negación de la verdad.
Nos volvemos a encontrar con un desastre producto de la codicia y de la negación de la evidencia. La construcción de centrales nucleares al borde mismo de una de las fallas tectónicas más activas del mundo no ha impedido que centrales como la Fukushima estén activas desde hace treinta años (1971). Explicar ahora el porqué se construyó en ese emplazamiento es anecdótico, aunque obviamente obedece a razones económicas de proximidad a su mercado. La discusión puede entrar en terrenos complicados puesto que como dicen los chinos, no por "atrangantarte vas a dejar de comer", pero lo cierto es que, en función de como discurran los próximos acontecimientos, la digestión va a ser dura y complicada. Los elementos radioactivos que se están liberando en la zona tienen una vida media de cientos de años y habrá que esperar 50 para que los niveles actuales se reduzcan a la mitad. Mitad que tampoco es compatible con la vida humana. Los efectos colaterales del accidente se extenderán por la región durante décadas, afectará a sus habitantes de forma total, provocando cambios a largo plazo en sus formas de vida. Esto ha ocurrido en la tercera potencia económica mundial, en permanente alarde de liderazgo tecnológico, aunque incapaz de llevar suficientes medios técnicos y humanos al lugar de la tragedia durante los primeros quince días.
No obstante el verdadero discurso todavía no se ha iniciado, la sostenibilidad energética, los países desarrollados vivimos actualmente en un medio ambiente caracterizado por el confort y el despilfarro, elementos incompatibles a medio y largo plazo con el stock de recursos energéticos actuales. Durante un tiempo se ha pensado que la energía nuclear puede ser la solución, no niego que políticamente sea una alternativa al monopolio que ejercen los países productores de petróleo, pero no es en ningún caso un recurso inagotable, por lo que, en todo caso es una tirita, que como hemos visto es muy peligrosa. Hacer más seguras las centrales es un coste económico que encarece la obtención de este tipo de energía, con el añadido de que el riesgo cero no existe.

No hay comentarios:

Publicar un comentario