viernes, 18 de febrero de 2011

28 años no son nada

28 años después se ha vuelto a repetir. Nueva Rumasa ha solicitado acogerse a la Ley Concursal, este procedimiento es una vía para intentar evitar la quiebra, por cuanto abre un período largo, puede llegar a ser de hasta seis meses, en los cuales la empresa puede renegociar la devolución de la deuda actual, nuevas condiciones, posibles quitas y, en fin, poder continuar con la actual actividad industrial.
Es un procedimiento que podemos considerar "normal", en otros países esta situación no comporta un especial signo negativo, puesto que evidencia la voluntad de la empresa de continuar y de hacer frente a sus obligaciones. En los EEUU acogerse al "Chapter 11" es relativamente frecuente y en la actual crisis más todavía, General Motors, por poner un ejemplo, se acogió a esta medida y después de un agresivo paquete de medidas ha conseguido salir de esa situación y mirar al futuro con cierto optimismo. Después de años de fuerte crecimiento es hasta cierto punto normal que las empresas tengan cierta sobrecapacidad productiva que debe ajustarse a las condiciones del mercado. La velocidad de ajuste de las empresas en la actual coyuntura ha puesto de manifiesto ciertos gaps de eficiencia en la toma de decisiones. En países acostumbrados a actuar de una forma más pragmática los ajustes se tomaron a las primeras de cambio, preparándose para afrontar la tormenta, arriaron foque, un par de rizos en la mayor y ancla de capa. En otros países nos abandonamos al "Dios proveerá" y nos lanzamos a cruzar el desierto con la esperanza de que en algún momento lloviera "maná" del cielo.
Nueva Rumasa tomo una decisión encomiable, quijotesca incluso, en medio de la tormenta se lanzó a todo trapo a mantener plantilla, capacidad y producción, incluso la aumentó comprando otras empresas del sector para diversificar y abrir el portfolio de productos. Me he acordado, no sé porqué, de Rhett Butler, que cuando la bolsa de Atlanta se desploma por el avance de Sherman, el se dedica a comprar todo hasta quedarse arruinado y perder todo lo ganado gracias a su negocio de contrabandista. En el fondo es muy "sureño" eso de "si no pudiera satisfacer las obligaciones en nosotros y careciera de fe en Dios, me pegaría un tiro". Esa posibilidad debe proporcionar una buena dosis de tranquilidad a los miles de inversores que volvieron a confiar en él. Confianza depositada pese a las innumerables advertencias vertidas por la CNMV sobre el riesgo que se asumía al comprar deuda publicitada como corporación cuando eran las empresas particulares las que se endeudaban y todas ellas con oscuras fuentes en paraísos fiscales. Por el momento habrá un buen montón de familias que verán congelados los extratipos que se ofrecían. Espero que esta vez nadie se queje, cuando uno compra junk bonds ya sabe a lo que se atiene.

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