miércoles, 15 de septiembre de 2010

La huelga

Siempre es complicado opinar sobre una huelga. En España, sobre todo, tenemos cierto sentido de la culpabilidad heredado de tantos años de no poder ejercer ese derecho y no está demasiado bien visto opinar en contrario. Los políticos de izquierda, si a lo que tenemos podemos llamarle izquierda, se siente sumamente incómodos, los de la derecha también a riesgo de ser tildados todos ellos de antidemocráticos y de "fachas". Pero quizás a estas alturas deberíamos empezar a madurar y ver exactamente a que obedece el llamamiento a una huelga general y si su celebración va a conducir a la consecución de algún elemento positivo.
La huelga general a la que estamos convocados obedece a las últimas medidas económicas tomadas por el gobierno. La más protestada, la que ha llevado a los empleados de los FFCC de la Generalitat a incumplir los servicios mínimos con la comprensión de los líderes sindicales, es la de la reducción unilateral del salario un 5%. Una medida que ha afectado, singularmente a un nutrido número de personas y que en su mayoría son funcionarios, es decir, trabajadores que tienen un contrato de por vida con la administración y que no pueden perder el puesto de trabajo porque es suyo.
El resto de trabajadores ya veníamos sufriendo ajustes, el más doloroso el del paro, algo que, repito, al colectivo funcionario le es ajeno completamente. Los asalariados que han perdido el empleo, están dispuestos no a rebajas del 5% de sus sueldo sino a veintes y treintas por ciento, puesto que el hecho fundamental es tener trabajo. Lamentablemente ni con esas rebajas de sueldo es posible, en muchas ocasiones, encontrar trabajo. La bolsa de 4 millones de desempleados, aunque se estén formando, es un indicador incontrovertible de que el ajuste vía precios todavía no ha terminado.
El mercado laboral español es un mercado inelástico y que prima a los trabajadores con empleo de larga duración sobre el resto de población activa. Su reforma debía de haber estado, no ya en la agenda de Zapatero, sino en la de Aznar y me atrevería incluso a decir que en la de González de la última legislatura, pero por desgracia no ha sido abordada en rigor por ningún gobierno hasta ahora. La que ahora se pretende vuelve a ser insuficiente y en esto los sindicatos tienen razón, aunque no la que pretenden. El resto de Europa con sistemas laborales distintos tienen la mitad de desempleo y más del doble de crecimiento: seguro que en algo nos equivocamos.
La huelga puede ser un "éxito" o un "fracaso" o ambas cosas a la vez y me temo que dependerá más de elementos estratégicos, como las comunicaciones o los piquetes (es decir el miedo físico) que de factores ideológicos o de verdadera voluntad de la gente de realizarla; algo que está muy lejos de lo que en verdad es una huelga.

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