lunes, 24 de mayo de 2010

La Reserva Federal española


Esta crisis al final va a servir para poner ciertas cosas en su sitio. Nuestro sistema financiero es un tanto peculiar, por un lado están las entidades financieras privadas, los bancos y, por otro, las de titularidad pública o semi-pública.
Las cajas nacieron como instrumento de intermedicación del ahorro popular, encauzando una parte importante de los recursos nacionales, asumiendo un importante papel en la oferta hipotecaria a precios ligeramente más populares y desempeñando un papel de instancia de último recurso gracias al Monte de Piedad, recurso que paliaba la tiranía del crédito en prenda usurario.
Esto fue en sus inicios hasta que el mercado lo invadió todo, como no podía ser de otra forma, las cajas para poder sobrevivir tenían que utilizar las mismas armas que sus competidores, los bancos, sobre todo a partir de difuminarse la frontera que normalmente diferenciaba la clientela de unas y otras instituciones. La bonanza económica permitió un importante trasvase de clientes de uno a otro lado. Además del papel tradicional que se espera realice una institución financiera, el carácter popular de las cajas condiciona que los beneficios no se repartan en forma de dividendo sino en algo muy peculiar que es la Obra Social. Los partidos políticos y la Iglesia han sido los grandes receptores de estos fondos que han repartido según sus criterios en forma de reparto de poder. Las autonomías no se han quedado atrás y han utilizado el modelo de las cajas para contar con una especie de Sistema de la Reserva Federal que financiaba muchas de las obras públicas que el estado central no cubría. A unos y a otros les ha ido de perlas hasta que el sistema ha reventado por las hipotecas basura. No hace demasiado tiempo que las cajas corrían detrás del promotor y del comprador de vivienda al grito de: "si lo quieres, lo tienes". Ahora viene el FMI con las rebajas y ya ha adelantado que quiere que las dos cajas más grandes, "La Caixa" y "Caja Madrid", los bancos centrales de las autonomías madrileña y catalana, se privaticen: Arderá Troya.

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