martes, 6 de abril de 2010

Tragedias griegas

Cuando todo parecía estar más o menos arreglado: la UE se había reunido y había dado un punto de apoyo a Grecia, va y los mercados lo desmontan.
Todo en sí parece dispuesto para una de esas tragedias a las que los griegos están tan acostumbrados y que viven con especial intensidad. Prece que estén condenados a vivir de esa forma, tan al límite, sin red, tan divinos y tan humanos.
Por un lado están los griegos, como buenos meridionales están acostumbrados a forzar los límites, un día les dicen que pueden entrar en la eurozona si cumplen unos indicadores y, no será por indicadores por lo que los griegos van a quedar fuera del club de los importantes y más sabiendo que ese club va a ser como Midas, todo lo que va a tocar se va a convertir en oro (digo en euros). Los alemanes con tal de poder reunificarse iban a mirar hacia otro lado, los franceses tampoco estaban para ser más papistas que el papa, los ingleses son de otro mundo, el resto no cuenta.
Ya tenemos dentro del euro a los creadores de la cultura, mientras el odre de la abundancia esparce por toda Europa sus viandas, no existen problemas; si, es cierto, se incumplen algunas de las premisas, y para evitarlo se creó un curioso método de ajuste, si te desvías te multo y te desvías más y así hasta el Olimpo, que como es impracticable en la práctica, pues eso, no se hace.
Cuando los americanos hacen saltar la banca y se descubre que todo está montado sobre una base de escayola, viene el gran susto.
Luego están los mercados, éstos son los trasuntos modernos de los dioses: tienen una personalidad propia, se manifiestan de forma no directa, sólo los entienden unos sacerdotes que se hacen llamar analistas y de vez en cuando recuerdan a los mortales que sólo han sido invitados para pagar la cena.
Ya tenemos montado un buen dramón, de esos en los que todo el mundo muere y no queda ni el apuntador. Grecia es un moderno Sísifo, al parecer el padre de Ulises era un "semi-dios" (es decir un analista-inversor) que era conocido por lo astuto que era puesto que conseguía engañar a todo el mundo (de hecho engaña hasta a la muerte y con ello consigue un buen pescozón de Zeus que le condena a subir eternamente un pedrusco a lo alto de una montaña).
Grecia se encuentra ante el mismo dilema, lleva tanto tiempo engañando a todo el mundo que ahora, por mucho que intente demostrar que va a subir la piedra de su credibilidad, todos apuestan a que va a caer de nuevo.

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