martes, 27 de abril de 2010

Tragedias griegas (3)

Dentro de la serie de "Tragedias griegas" hoy traigo la historia de Pigmalion. Pigmalion ilustra la "profecía del autocumplimiento". El protagonista de nuestra tragedia es un escultor que se enamora de una de sus creaciones, una estatua de mujer. Es tal su amor que, Afrodita, compadecida, le da la vida. Al cine fue llevada con gran éxito en varias versiones, una de las más celebradas es "My fair lady" según la obra teatral de George Bernard Shaw, ya saben la de "la lluvia en Sevilla es una maravilla".
La profecía de autocumplimiento viene a cuento de todo lo que está ocurriendo en Europa estas últimas semanas. Hemos creado un gran Leviatán al que no sabemos como controlar, me refiero a la entelequía conocida como "mercado". El mercado es un lugar donde se cruzan la oferta y la demanda y se realizan intercambios de bienes y/o servicios a un precio denominado de equilibrio. En teoría, para que funcione bien el mercado, ha de ser transparente, es decir la información debe fluir de forma total y accesible para todos los participantes. No todos los mercados son transparentes a pesar de que exista mucha información, el financiero es uno de ellos, tiene un metalenguaje propio que no todo el mundo conoce y la información se reparte de forma asimétrica.
Grecia está en el centro de la tormenta que ya está empezando a tomar características de huracán y amenaza con derribar los pölders de los países europeos e inundarlo todo, praderas centroeuropeas inclusive.
La zona euro debe servir para algo más que para lo que se está viendo. Los alemanes deben entender que el precio pagado por países como el nuestro ha sido la desertización industrial a cambio de entrar en el club de la estabilidad y el welfare state. La culpa no ha sido exclusivamente de ellos pero ellos se han beneficiado de un mercado como el nuestro y de importantes beneficios durante los años de bonanza. Nosotros lo hemos pagado con endeudamiento: para alcanzarles: nuestro sueño era parecernos al burgués hamburgués.
El mercado dice que Grecia está al borde de la suspensión de pagos y cotiza al alza el precio del seguro, el CDS, lo que hace que sea más probable que Grecia suspenda pagos dado que la cotización del seguro (el CDS) encarece el tipo al que debe refinanciar. Como todo el mundo vende deuda griega, no consigue esa financiación y empeora más la situación y así hasta que Galatea se convierta en mujer de carne y huesos.
Para evitar el efecto Pigmalion están los gobiernos europeos, ellos deben prestar el dinero para frenar la especulación y el deterioro crediticio griego: en su propio beneficio, aunque electoralmente pueda pasarles factura. Es tiempo de estadistas sin miedo al riesgo y sólo tenemos políticos mediocres.

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