miércoles, 21 de abril de 2010

Cenizas

El volcán Eyjafjallajokull ha provocado un verdadero caos en las comunicaciones europeas durante toda la semana pasada. Sus cenizas se han esparcido por encima de fronteras y han provocado el mayor caos aéreo de la historia de la aviación civil. Los efectos negativos se han concentrado en decenas de miles de viajeros que han visto como sus apretadas agendas reventaban. Las compañías de aviación han visto evaporarse unos considerables ingresos de sus maltrechas cuentas de resultados y centenares de empresas han comprobado lo perecederas que eran sus mercancías.
Aunque no todos han salido perdiendo de esta historia, como siempre en cuanto se produce un desajuste del mercado intervienen los arbitrajistas para reconducir la situación. Taxistas y empresas de transporte por carretera han hecho su particular agosto durante estos grises días, y también cierta cantidad de pícaros, que abundando en el descontrol reinante, se han aprovechado de viajeros en situaciones de extrema vulnerabilidad. Carreras a precios de viaje lunar han permitido que los que tenían una necesidad imperiosa de movilidad pudieran satisfacerla. Otros, menos nerviosos, han extendido sus vacaciones o han trabajado on-line, demostrando una vez más que la desubicación del factor trabajo puede ser una realidad y que ello permitiría aumentar la productividad y facilitaría la conciliación laboral y familiar. La sociedad-internet debería poder reducir los estragos causados por un volcán de nombre impronunciable.

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