martes, 30 de marzo de 2010

Verdades irrefutables


Hasta hace no demasiado tiempo una de las verdades irrefutables que todo el mundo conocía era la de que el precio de la vivienda no podía descender. Se consideraba a la vivienda uno de los activos de referencia a la hora de construir el portafolio de valores que debían contribuir a mantener nuestro nivel de vida una vez nuestros ingresos disminuyeran debido al cese de nuestra actividad laboral. La vivienda junto a las acciones, los bonos y los depósitos a plazo constituían el grueso de nuestro armamento para defendernos cuando llegase el temido/esperado momento de la jubilación. En España sobre todo se ha considerado que la vivienda, "el ladrillo", era la inversión conservadora por antonomasia y que sufrir pérdidas era, cuanto menos, algo relacionado con la ciencia ficción. De hecho en bolsa siempre se decía que el activo con el que se competía era la vivienda puesto que, sólo en las épocas en las que el crecimiento del precio del ladrillo era plano o lindante con la inflación merecía la pena invertir en renta variable. Lo cierto es que durante la última década este tipo de paradigmas no se ha cumplido, puesto que la extrema cantidad de liquidez en el sistema con unos tipos extremadamente bajos e "irreales" para nuestra economía, han empujado a los agentes económicos a una especie de "desenfreno lujurioso" en temas de inversión, obteniendo crecimientos paralelos en todos los activos disponibles: materias primas, real state, acciones, bonos, etc.
En el caso de la vivienda, como ejemplo de activo asociado a riesgo bajo con expectativas de retorno altas a largo plazo, podemos ver cual ha sido la evolución en los últimos años en los EEUU. Todo un ejemplo. No se puede decir que alguien que comprara en el año 1979 pueda estar muy feliz: pierde cerca de un 5% a precios reales.





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